Una joven hipoacúsica que lucha por sus derechos desde el Concejo de Discapacidad

María Fernanda Martínez no ha tenido una vida fácil. Separada de su mamá biológica, fue criada por su abuela paterna -Bernarda Martínez- a la que reconoce como su madre. Fue Bernarda quien detectó que María Fernanda es sorda y a los 8 años logró matricularla en una escuela especial para personas hipoacúsicas, el Instituto Nuestra Señora de la Sabiduría. El ingreso de María Fernanda a esta institución también ayudó a conocer realmente cuál era su discapacidad y dar respuestas a preguntas que tenía su familia. Se les informó que el diagnóstico de María Fernanda era hipoacusia no congénita.

Durante la escolarización de la niña, Bernarda participó activamente en su proceso de adaptación junto a miembros de la escuela, quienes le brindaron todo su apoyo para que saliera adelante.

Además, una vez que María Fernanda ingresó a la institución, Bernarda se propuso comprender la discapacidad de su nieta y saber cómo comunicarse con ella, entablar conversaciones que nutrieran su relación y retroalimentaran sus aprendizajes. A pesar de que nunca le había gustado la lengua de señas inició un curso para aprenderla, e instó a María Fernanda a que aprendiera a pronunciar algunas palabras. A partir de ese momento, María Fernanda comenzó a ayudar a Bernarda atendiendo una pequeña tienda que se encuentra dentro del hogar familiar.

Luego de finalizar sus estudios María Fernanda ingresó al Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) para aprender marroquinería. En el centro para la formación una vez más tuvo que enfrentar dificultades. Le resultaba difícil comprender las clases, ya que no había profesores que supiesen lengua de señas o intérpretes que facilitaran la comunicación con los docentes y estudiantes.

María Fernanda reclamaba por un intérprete cada vez que asistía al centro, sin una respuesta clara. Con el apoyo de Bernarda y con el conocimiento acumulado en capacitaciones y talleres de los que ambas habían participado, elaboró un derecho de petición con argumentación e incluyó toda la legislación que la amparaba. En apenas ocho días la tutela se hizo realidad y los intérpretes estaban en las aulas, no solo para María Fernanda sino para cualquier estudiante que los requiera.

Desde 2015 María Fernanda integra el Concejo de Discapacidad Local y ha centrado su labor en las personas con discapacidad auditiva, en especial en temas vinculados al acceso al trabajo y en sus posibilidades de crecimiento a futuro. En breve iniciará su gestión como presidenta del Comité de Discapacidad del Concejo y ya está trabajando en un proyecto para promover el contacto y la articulación entre las personas sordas y las personas sin discapacidad.