Un niño con diagnóstico de espectro autismo moderado estudia con estrategias metodológicas adaptadas

Santiago Sanez vive junto a sus padres y hermanos. El niño tiene una hermana melliza, lo que le facilitó a sus padres notar que el desarrollo de los niños no era parejo. Cuando realizaron la consulta médica el diagnóstico de Santiago fue trastorno del espectro autista.

La familia debió reorganizarse para brindarle al niño diversas oportunidades que posibiliten su desarrollo integral. En este nuevo escenario, su padre trabaja para costear las terapias de Santiago y su madre, Miria, relegó su desarrollo personal para quedar a cargo del cuidado de sus hijos.

Miria buscó instituciones educativas que le sean beneficiosas a Santiago para su crecimiento. En algunas escuelas privadas, si bien lo aceptaban, pasados unos días decían que no podían atenderlo debido a su discapacidad. Santiago podía percibir la frustración de su familia y lo manifestaba en estados de tristeza.

En medio de los constantes cambios de institución, Miria optó por inscribirlo en un Colegio de Educación Básica Especial (CEBE), que atiende niños y niñas con discapacidad severa o multidiscapacidad. Esta experiencia no aportó valor significativo al desarrollo de Santiago ya que su discapacidad, al ser moderada, requería de otro tipo de educación.

El niño enfrentó entonces otro cambio en su escolaridad: por recomendación de una de las profesoras del CEBE llegó al colegio Emilia Barcia Boniffatti. Desde su primer acercamiento, en la escuela se le permitió a Santiago experimentar cuál sería el mejor proceso de aprendizaje que se le podría brindar. Se optó porque concurra a las clases acompañado por su madre conforme se adaptaba a la rutina escolar y siempre respetando los principios de autonomía que tanto la institución como la familia querían promover en él. Esta situación brindó tanto a Santiago como a su familia y al colegio la posibilidad de iniciar la exploración de estrategias metodológicas adaptadas. Entre ellas, se reconoció que el niño era aprendiz visual y que las indicaciones para poder cumplir con las rutinas escolares debían ir bajo esos canales de comunicación. En esta línea, se le asignaron a Santiago responsabilidades en el aula.

Miria se insertó en la dinámica del salón de clases y empezó a ser reconocida por los compañeros de su hijo como una profesora más. Allí, descubrió su pasión por la labor docente. Gracias a este espacio Miria contribuyó directamente al proceso de inclusión educativa de su hijo y encontró su vocación de ser maestra de educación inicial.

Actualmente, Santiago participa en las distintas actividades: algunas aún con el apoyo de su madre y otras de manera independiente. La familia está buscando una escuela primaria para Santiago que le brinde la posibilidad de seguir creciendo en este proceso de educación inclusiva.