Hermanos con discapacidad auditiva que encontraron en el valor de la amistad el motor de aprendizaje

Elver y Marcela Bayona presentan discapacidad auditiva. Su familia ha sido víctima de la violencia y el desplazamiento forzado y actualmente viven en el municipio de La Paz, al norte de Colombia.

Conocer el diagnóstico le originó un período de tristeza a su madre, que contó con la ayuda de los maestros de la escuela donde los niños cursaban el preescolar. Ellos la invitaron al colegio para sensibilizarla acerca de la discapacidad de sus hijos a través de videos.

Los hermanos abandonaron esa institución y quedaron desescolarizados hasta que recibieron ayuda de la Fundación EDIVER, que extiende sus servicios en la Institución Educativa Normal Superior María Inmaculada. Allí, Marcela y Elver cursaron su primaria, su secundaria y un semestre del ciclo complementario.

Fue un grupo de monjas quien se acercó a la casa de la familia Bayona buscando niños con discapacidad para integrarlos al sistema escolar. Una de sus primeras profesoras del María Inmaculada, Lourdes, formó parte del equipo que llegó aquel día a casa de Elver y Marcela y desde entonces los acompañó en su proceso de escolarización. No solo les enseñó, sino que también aprendió de los diferentes retos que se cruzaron en su camino como docente.

En este colegio la comunidad educativa comprendió que los hermanos Bayona debían ser aceptados en el aula no por su discapacidad, sino porque tenían otra forma de estudiar que interpelaba a todos a reformular su propio proceso de aprendizaje. Los jóvenes, estimulados por el contexto contenedor de la escuela y los lazos de amistad forjados con sus compañeros, les enseñaron a sus pares la lengua de señas y apoyaron a diferentes docentes en el rol de intérpretes para compañeros de grados inferiores.

Cada uno de los conocimientos adquiridos por Elver y Marcela Bayona se construyó gracias a los diferentes saberes de las personas que participaron de su proceso de inclusión, desde la familia hasta los directivos de la institución educativa y amigos que observaron una oportunidad de instrucción y de solidaridad. Fue y es un aprendizaje recíproco donde cada parte brinda su experiencia y se alimenta con los conocimientos de los demás, elaborando una red de saberes y oportunidades.

En este momento, Elver y Marcela no trabajan ni estudian y se encuentran a la espera de una solución para continuar con sus estudios en el complementario en la institución donde finalizaron su secundaria. Los hermanos necesitan un intérprete que pueda transmitirles los conocimientos específicos propios del nivel de formación en el que se encuentran. Frente a esta situación, la familia interpuso una tutela a la Secretaría de Educación y está buscando los recursos económicos para contratar uno por sus propios medios.