Adaptaciones basadas en lo sensorial para una alumna de Comunicación Social con baja visión

Anieska perdió casi toda su vista cuando era bebé: tiene 0% de visión con el ojo derecho y un 30% de visión con el ojo izquierdo. En la práctica, esto significa que con el ojo izquierdo puede ver turbiamente y distinguir colores o leer los mensajes de texto de su celular a una distancia mínima.

Anieska cursó el preescolar en una escuela del barrio a la que llegó por recomendación de su directora. Su madre, motivada porque la institución ya había tenido alumnos ciegos y porque veía que su hija era inteligente y capaz, la matriculó en dicha escuela regular. Cuando descubrió que algunos de sus compañeros se burlaban de ella, la cambió de institución. En el barrio, Anieska siempre compartió tiempo con otros niños, sin dejar de participar de los juegos por su discapacidad visual.

La niña continúo su educación en una escuela especial, en donde aprendió a leer y escribir en Braille. Como esa institución no tenía nivel secundario, regresó a la escuela regular en la que había cursado preescolar. Como estrategia de estudio, grababa las clases para escucharlas luego en su casa. Las tareas las hacía con ayuda de su mamá, a la que le dictaba las respuestas. Usaba Braille para escribir los ejercicios y aprendió a usar la calculadora científica.

Anieska siempre fue una excelente alumna. A pesar de haber sido víctima de bullying por algunos estudiantes que no aceptaban que ella obtuviera mejores calificaciones, se graduó a los 15 años con excelencia académica e ingresó a la carrera de Comunicación Social. Por mérito académico y por su situación socioeconómica, la Universidad Centroamericana le otorgó una beca.

Como en esta carrera hay varias asignaturas que requieren de una visión óptima (por ejemplo, Producción audiovisual, Fotografía o Dirección cinematográfica), un profesor trabajó en forma personalizada con la joven, inspirado por proyectos de fotógrafos ciegos. Además, sumó ejercicios de sensibilización para todo el alumnado para provocar en los estudiantes el uso de otros sentidos y ponerlos en los zapatos de una persona ciega o con baja visión, forzándolos a sentir los obstáculos del entorno. Se hizo hincapié en la comunicación descriptiva en los trabajos de grupos, para que los aportes y criterios de Anieska pudieran ser valiosos y pertinentes.

En la clase de fotografía, además de prepararse en el aspecto técnico para tomar buenas fotos, los estudiantes aprendieron a contar una historia a través de las imágenes. El proyecto de final de curso de Anieska se llamó “Sentir” y su propósito fue que las personas sin discapacidad conozcan cómo las personas ciegas descubren el mundo. En palabras de Anieska: “Que todo, absolutamente todo lo que tenemos que hacer, entra por otros sentidos, principalmente por el tacto”.